5 consejos para el mantenimiento de tu bici

Como todo en la vida, lo que se cuida dura más. Esta gran verdad aplica a casi cualquier ámbito que nos venga a la mente: la salud, las amistades y… también la bicicleta. Este medio de transporte tan agradecido –por su bajo coste, su respeto al medio ambiente y sus beneficios a nivel físico– merece de vez en cuando un poquito de mimo por tu parte. ¿Conoces cuáles son las acciones que debes llevar a cabo para realizar un adecuado mantenimiento de tu bici? ¿Sabes cuáles son los productos necesarios? Desde Bikebitants hemos hecho una selección de los consejos indispensables para reducir el riesgo de que sus componentes se oxiden, se rompan o dejen de funcionar, poniendo en peligro tu integridad y la de tu bicicleta.

1. Límpiala regularmente

Las duchas siempre se agradecen, aunque no seas humano. Podrás pensar que si no has llevado la bici por el campo o la montaña es imposible que esté manchada, pero has de saber que el humo de los coches de la ciudad y la atmósfera urbana en general también ensucia. Con un cubo, una esponja, un cepillo blando, agua y jabón te basta. No olvides que tan importante es la limpieza del cuadro y de las ruedas como lo es el enjuague y el secado. La humedad es muy mala consejera para nuestras amigas de dos ruedas; ten esto especialmente en cuenta en los meses de invierno si la aparcas al aire libre, pues las heladas pueden congelar los elementos de tu bici.

2. Engrásala de vez en cuando

Para empezar, hazte con un desengrasante y un aceite lubricante. El óxido, la suciedad y el polvo son los peores enemigos de los platos, la cadena y los piñones de tu bicicleta. Igualmente, la fricción entre las piezas también potencia el desgaste si no están bien lubricadas. Engrasar la bicicleta no es complicado ni supone desmontarla, así que si puedes, hazlo una o dos veces por mes si usas la bicicleta con asiduidad.

3. Comprueba la presión de las ruedas

Si te mueves en bicicleta a diario, procura hacerlo al menos un par de veces al mes. Una bici con una presión inadecuada pierde capacidad de frenado y adherencia, además de contribuir al desgaste de la llanta y la cubierta. A ser posible no las infles guiándote por tu intuición, sino de acuerdo al terreno por el que vas a circular y tu peso. Las bombas de inflado más cómodas son las de pie.

4. Revisa que los tornillos estén apretados

Con el tiempo y el uso, los tornillos pueden aflojarse y pueden darte un susto (en ocasiones, muy peligroso) si no tienen la presión necesaria. Sucede lo mismo con los cierres de las dos ruedas. Por consiguiente, comprueba regularmente que los tornillos están apretados.

5. Somete a examen su seguridad

Una bici recién salida de fábrica ha pasado todos los controles y estándares necesarios para estar a punto para su uso, pero no es el caso de las que compramos a otras personas o las que llevamos usando un tiempo. En esta actividad podrás sentirte como un mecánico: pon la bici boca abajo para hacer más sencilla la revisión. Mueve los pedales para comprobar que los eslabones de la cadena siguen su camino sin incidencias, ponte frente las ruedas y hazlas girar para ver si lo hacen en línea y sin desvíos, vigila que las cubiertas no estén pinchadas o cuarteadas hinchándolas y activa los frenos para ver cómo reaccionan (los cables y las zapatas de freno deben estar en perfecto estado para garantizar que responderán cuando frenes).

Este es el procedimiento más elemental para el cuidado y mantenimiento periódico de tu bici. No obstante, existen otros protocolos para hacerlo aún de manera más exhaustiva. ¿Y tú cómo cuidas tu bici? ¿Añadirías alguna recomendación?

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